¿Qué sabes del lobo ibérico?. Aproximación a su biología y ecología

foto revista cientifica
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3 junio, 2019

Profundamente arraigado en nuestro acervo histórico-cultural, el lobo ibérico ha despertado desde siempre temor y admiración a partes iguales. Es también el protagonista involuntario de mitos e ideas preconcebidas, muchas de ellas basadas en experiencias o saberes familiares. Pero, en realidad, no son muchos quienes conocen los conceptos básicos sobre la biología y ecología de la especie. Con esta publicación iniciamos una serie de artículos bajo el título ‘¿Qué sabes del lobo ibérico?’ en los que iremos dando algunas claves sobre ese gran desconocido que es para muchos el Canis lupus signatus.

En primer lugar, ¿sabrías identificar a un lobo ibérico si lo vieras? Tienes que fijarte en las manchas y líneas verticales negras que recorren el frente de sus patas delanteras, que no tienen los lobos europeos. Otras características singulares de su pelaje son las manchas blancas en los belfos (labios superiores), otra mancha oscura a lo largo de la cola y el pelo más oscuro alrededor de la cruz, en la llamada “silla de montar”. Estas marcas son las que le han valido a la subespecie el nombre de signatus, que significa “signado”, es decir, con señales o marcas.

Cómo identificar a un lobo ibérico

Viven en manadas jerarquizadas con individuos normalmente de la misma familia. Están compuestas por la pareja reproductora, los jóvenes de años anteriores y los cachorros de ese año. En total unos 5 ó 10 miembros, aunque el número final siempre va a estar determinado por el alimento que haya en el territorio de cada grupo familiar. Fieles a su manada, colaboran para proteger a los cachorros.

Suelen tener una camada anualmente, de entre tres a ocho cachorros, aunque esta cifra es muy variable. En cada manada suele reproducirse una sola hembra que amamanta a sus crías durante un mes y medio aproximadamente mientras que el macho la alimenta a ella cazando. Los lobeznos (cachorros con edad inferior a tres meses) son alimentados indistintamente por cualquier miembro de la manada, pasando a ser lobatos al cumplir los tres meses y convirtiéndose en lobos adultos una vez que alcanzan la madurez sexual, al cabo de unos dos años.

Es un animal muy territorial y una manada nunca invade el territorio de otra si no quiere enfrentamientos. Para marcar su zona, los lobos utilizan señales olfativas (orina y excrementos) y también auditivas, los famosos aullidos, que le les sirven también para encontrarse si están separados y reconocer si quien aúlla es de su manada.

Poseen unos sentidos muy desarrollados. El olfato y el oído de los lobos es agudísimo, permitiéndoles cazar tanto de día como de noche. Y su vista es también especial, ya que poseen una capa de tejido tras la retina (tapetum lucidum) que les permite captar una mayor cantidad de luz cuando ésta escasea, ya sea dentro de un bosque, o por las noches.

El lobo es una especie muy versátil ecológicamente. Es capaz de vivir en muchos hábitats diferentes gracias a su gran capacidad de adaptación, pudiendo ocupar prácticamente todos los ecosistemas de la Península, desde el nivel del mar hasta la alta y media montaña. Además tienen una alta facilidad para moverse por extensas áreas en muy poco tiempo en ausencia de barreras (como autovías, autopistas, vías de tren de alta velocidad…).

Como punto final de esta breve aproximación a la biología y el comportamiento del lobo ibérico queremos responder a la pregunta ¿Atacan los lobos al ser humano? Este es uno de los mitos más comunes acerca del cánido además de argumento recurrente en la literatura infantil. Lo cierto es que aunque el lobo es un superdepredador, también es un animal tímido y desconfiado, que huye del contacto con el humano. De hecho los lobos concentran su actividad por la noche y suelen permanecer dormidos casi todo el día en alguna zona densa para evitar a las personas.

Biología y Morfología